ÉTICA Y VIRTUDES

APROXIMACIÓN ACTUAL DE LA ETICA

Aproximación actual de la Ética

 

Identificar la tendencia actual de la Ética es un asunto complicado, ya que requiere dimensionar su origen, su esencia, el significado y expresiones comunes, el sentido que la guía y las prioridades que persiguen los seres humanos. En este apartado se intentará dar cuenta de algunas generalidades que nos permitan tener un breve acercamiento a la tendencia que conforma la ética actual.

Debido a su origen, se distingue el carácter autónomo y heterónomo de la ética. El carácter autónomo centra la libertad en el individuo sin coacción de norma o fuerza social mientras que el carácter heterónomo admite la necesidad de que la acción moral que ocurre entre los individuos radique dentro de la sociedad. Algunas tendencias conciliadoras ven la necesidad de la autonomía moral pero aceptan el fundamento efectivo de las normas morales, ya que el origen del acto puede depender o no del razonamiento que se tenga de las leyes. Así, entre los enfoques que discuten la razón entre sí, se encuentran los aprioricistas-empiristas y los voluntaristas-intelectualistas, los cuales aportan una visión de algunos valores legítimos a través de la historia.

Debido al problema de la esencia tenemos la disyuntiva entre una ética formal y una ética material. La ética formal representada por Kant y sustentada en los principios éticos superiores denominados imperativos se centra en una ética autónoma que expresa un rigorismo ante las nociones del deber, las intenciones, la buena voluntad y la moralidad interna. La ética material o ética de los bienes está fundada en la consecución de la felicidad que comienza en los fines mismos de los individuos. Esta ética ha tenido diferentes presentaciones entre las que se encuentran la ética utilitaria, el perfeccionismo, el evolucionismo, el individualismo, entre otras. Es preciso dar cuenta que, aunque tanto la ética formal como la material poseen rasgos distintivos, ninguna de ellas aparece en toda su pureza.

En cuanto al problema del lenguaje, en la Ética se han presentado varias teorías que se han ocupado del significado y de las expresiones más comunes. Por lo menos pueden distinguirse seis tendencias: el análisis de los términos deseado y deseable de J. Dewey; la distinción de un lenguaje ético científico y emotivo de Odgen y Richards; el análisis de los juicios valorativos y juicios metafísicos de Ayer, Carnap; los juicios indicativos y juicios prescriptivos de Stevenson; el análisis de la ética normativa con pretensiones de ciencia natural de Perry; y el análisis de los términos éticos y axiológicos dentro del prescriptivismo de Hare. En general, se ha llegado a creer que existe un lenguaje propio de la Ética con naturaleza prescriptiva que se expresa mediante juicios de valor y que no es posible un estudio de la Ética sin un estudio previo de su lenguaje.

La ética, que ha sido vista como la manera de llevar una buena vida según las circunstancias, también se ha considerado como el conjunto de fundamentos racionales que modelan las costumbres. Ya sea como guía del carácter o del razonamiento, ha resultado una orientación indispensable para los seres humanos a través del tiempo.  Fernando Savater la considera una convicción que nos hace ver que no todo vale por igual y que hay razones para preferir un tipo de actuación a otro. Acorde con esta perspectiva Duplá (2001) establece que la tradición filosófica occidental enseña que el hombre está hecho para el bien; sólo que él no sabe de entrada en qué consiste ese bien ni cómo buscarlo. La ética filosófica es precisamente el saber que intenta despejar esta incógnita. Y puesto que la reflexión ética nace de una inquietud profundamente sentida, la filosofía no es un lujo, sino una necesidad estricta. Lo cual quiere decir que la filosofía forma parte de ese bien que la ética, como teoría de la vida buena, se afana por encontrar (p. 5). Por tal razón, identificar las circunstancias o fundamentos que guían el proceder de los seres humanos es un factor indispensable para conocer la tendencia de la ética actual.

Algunos filósofos como Rodríguez (1998) consideran importante subrayar la búsqueda en los actos humanos, ya que estos son los actos concientes, originados por las facultades específicas como la inteligencia y la voluntad. En este sentido, los actos humanos poseen un fin, intención o razón por el que se llevan a cabo, por tal motivo se consideran el objeto material de la Ética, de ahí que sea importante distinguir entre una vida enfocada hacia a la persecución de fines específicos de otra carente de ello.

Tomando en cuenta las prioridades que persiguen los seres humanos, la Ética puede seguir varios caminos. Así, tenemos los fines enfocados hacia el placer cuando se trata de elegir con base en la autenticidad, satisfaciendo las necesidades vitales; cuando se actúa por la presión social de un compromiso adquirido que se debe cumplir; el criterio legal, que consiste en dirigir la conducta por medio de normas y leyes establecidas de manera escrita; el criterio axiológico, que se basa en el seguimiento de los valores internamente percibidos y apreciados como tales y al que se le suele denominar actuar por convencimiento, entre otros. Identificar la generalidad del criterio a través del cual se rige la conducta humana nos sirve para considerar la tendencia hacia donde se orienta la Ética.

En la primera década del siglo XXI no existe suficiente claridad sobre las cualidades específicas de la ética que moldean el carácter de los individuos, no sólo por la falta de una tendencia dominante que nos indique el enfoque existente, lo cual puede ser interpretado como un síntoma de apertura hacia las ideas diversas, sino que también se puede apreciar cierto desorden conceptual en el momento de distinguir una tendencia de otra. Este desorden progresivo ha influido en las prácticas individuales y sociales dentro de las instituciones, donde el punto de discusión se encuentra en el carácter cognoscitivo de la Ética.

De ahí que uno de los valores de la Ética contemporánea radique en el uso de la inteligencia. Al respecto algunos escritores que siguen estos planteamientos se muestran optimistas al considerar que “filósofos, teólogos, científicos, industriales y estadistas, pequeñas ONGS y comisiones de organismos internacionales trabajan en la construcción de consensos cada vez más amplios que habrán de conducir a un saber de orientación del que se desprendan normas, valores e ideales obligatorios para todos.  (Morales, 2001, p. 3). Bajo el ideal de una ética universalista, se proyecta una conciencia moral relacionada con la especialización, la velocidad de los cambios derivados de la ciencia aplicada, las relaciones familiares y otros hábitos, dando origen a códigos de conducta diferentes a los que son aceptados hoy en día.

Aunque las pretensiones de una ética de carácter universal a través de valores y reglamentos genéricos siguen vigentes, autores como Morales (2001) consideran que el ideal universalista[1] es un asunto utópico, ya que a más de sesenta años de su implementación, lejos de observarse resultados deseables, se identifica una confusión conceptual que ha fragmentado su perspectiva general. En este sentido sociólogos como Lash y Bellah han identificado en la actualidad una tendencia enfocada hacia la individualidad narcisista influenciada por el orden económico. Pérez (2002) la denomina el ideal de la autenticidad: la autenticidad justifica cualquier comportamiento sólo a condición que nazca de los más profundos sentimientos del individuo. Todo lo que haga o pueda hacer el individuo será bueno si viene realizado de forma espontánea (p. 3). La conquista de la autonomía se ubica en la ética denominada de la autenticidad y a decir de los autores mencionados es una tendencia actual del ser humano.

Estudios recientes dan cuenta de la tendencia individualista y, como consecuencia de ello, de una fragmentación en el trabajo conjunto dentro de las instituciones. Arland (2003) sostiene que, en América Latina, “la gran distancia que existe entre el sistema mítico y los códigos prácticos quedó plasmada cuando, en 1523, Hernán Cortés alzó sobre su cabeza (como signo de sumisión a la Corona) la Real Cédula y sentenció: se acata pero no se cumple. Así la organización basada en el poder y el interés individual antes que en las reglas y el bien público se extendió a lo largo de los siglos dando origen a la corrupción como práctica política habitual” (p. 2). Arland deja claro que los sistemas normativos sobre los que se sustenta la Ética contemporánea han tenido un nulo impacto, por lo que se definen como normas míticas, y son los códigos prácticos los que funcionan de manera real en las instituciones, teniendo como línea una ética utilitarista y del beneficio personal. 

De acuerdo con MacIntyre, es común que en la vida de las instituciones abunden actitudes de simulacro que se concentran en torno a grupos de personas que en su ejercicio requieren jerarquía de poder, dinero y otros bienes materiales que provocan típicamente una competencia en la que destacan ganadores y perdedores y que la rapidez con la que transcurren los acontecimientos en la vida cotidiana limita la capacidad de dimensionar los trastornos de algunas actitudes centradas en el egoísmo, el individualismo y el bien centrado en la utilidad personal.

La tendencia actual de la ética no resulta del todo alentadora, ya que nos encontramos justo en uno de los momentos más bajos de la calidad de ésta si la comparamos con otros tiempos de la humanidad, producto de una inconsecuente relación entre el proyecto universalista de la ética, el apreciable desdén de las instituciones por comprometerse a normar las reglas que sustentan la universalidad, y la tendiente competitividad que ha fomentado la individualidad de los proyectos humanos, razón por la cual se han creado códigos prácticos, que, en beneficio de una ética cada vez más utilitarista y egocéntrica, han minimizado el carácter que orienta a la ética hacia los fines que debieran buscar los seres humanos.

Ante tal panorama nada alentador se vislumbra una tendencia floreciente en la Internet, donde los escritos que se refieren a la ética de virtudes se incrementan notablemente en el campo educativo, en el legislativo y en general en el contexto institucional. El enfoque de la ética contextual se ha consolidado en los últimos años. Se fundamenta en la práctica de las virtudes y pondera la necesidad de rescatar las tradiciones exitosas que hicieron posible mejorar los papeles sociales de sus personajes. La ética contextual reclama una comprensión de las tradiciones concretas, desde lo particular, en las comunidades. Los filósofos de la ética contextual sostienen además la importancia de que tiene la virtud del desempeño de las tareas de acuerdo con el papel social que requiere. MacIntyre considera que las razones, propósitos e intenciones hacen referencia a las creencias de las personas, por lo que ninguna ética auténtica podría eliminar dichas expresiones. En este sentido la Ética Aristotélica soporta estos conceptos, por lo que cualquier intento de mecanizar las prácticas sociales entra en conflicto con el aristotelismo.    

 

 

 

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[1] Desafortunadamente constatamos que el ideal de que el mundo se rija por principios morales comúnmente aceptados es aún utópico Es discutible hasta dónde los seres humanos hemos avanzado en elaborar teóricamente una ética universal, compatible con la pluralidad de concepciones del hombre y credos religiosos que coexisten hoy en el planeta; mucho más discutible hasta donde esa ética tiene validez práctica y norma eficazmente las relaciones internacionales (Morales, 2001, p. 1).

 

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